El pensamiento constitucional y político de Chateaubriand (1768-1848), a menudo descuidado en beneficio de su elocuencia literaria, da testimonio de una lucidez precoz sobre el funcionamiento concreto del sistema de gobierno parlamentario, sus vicios y virtudes, y las condiciones de su buen funcionamiento. Partidario de una monarquía mitigada por las costumbres, en condiciones de suscitar un clima propio al desarrollo de lo que él llama una “libertad razonable”, incesantemente aboga por la parlamentarización de las instituciones: distinto del rey, el gobierno debe ser políticamente responsable frente a las cámaras y apoyar se en una mayoría fija. Instruido de la experiencia británica, muy pronto concibió el interés de una bipolarización de la vida parlamentaria. Deplorando la inanidad de las oposiciones circunstanciales, teoriza la necesidad de instilar lógicas colectivas en los trabajos parlamentarios. El escritor resulta inseparable del político, varias veces ministro, embajador y parlamentario. En el momento en que la deliberación parlamentaria padece una especie de desconsideración en el espacio público, el desvío por Chateaubriand es rico en enseñanzas sobre las virtudes políticas y sociales del parlamentarismo. Alexis Fourmont es profesor titular de derecho público de la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne
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